La obligación es la misma, cambia el riesgo
La Ley 31/1995 no hace ninguna excepción por actividad. Cualquier empresa con trabajadores por cuenta ajena, sea una constructora de cuarenta personas o una tienda de barrio con una dependienta, tiene que evaluar los riesgos de sus puestos, tener un plan de prevención y ofrecer la vigilancia de la salud correspondiente. Lo que cambia de un sector a otro no es la obligación, es el riesgo que hay que evaluar.
El problema es que, al asociar la prevención casi siempre a la construcción, muchos negocios de otros sectores dan por hecho que a ellos no les toca, y se llevan la sorpresa el día de una inspección o de un accidente que, mirado con perspectiva, era previsible.
Lo que de verdad pasa en un comercio
En una tienda, los riesgos más habituales no tienen nada de espectacular, y por eso se subestiman. La manipulación manual de cargas al recibir mercancía o reponer estanterías es de los que más lesiones de espalda generan. Las caídas al mismo nivel por suelos mojados, cajas en el paso o cables sueltos son constantes. Y en comercios con atención directa al público, hay que evaluar también el riesgo de agresiones, que es un riesgo laboral más, no algo ajeno al puesto.
Lo que pasa en hostelería
En bares, restaurantes y cocinas el riesgo cambia de naturaleza: cortes con cuchillos y máquinas, quemaduras con planchas, freidoras y líquidos calientes, suelos resbaladizos por grasa y agua, y posturas forzadas o de pie durante toda la jornada. Son riesgos que se repiten todos los días, varias veces por turno, y que generan muchos más accidentes leves de los que suele imaginar quien lleva el negocio.
Y en una oficina
El riesgo de oficina es más silencioso, pero también existe: el trabajo con pantallas, la ergonomía del puesto, la carga de trabajo mal repartida. El trabajo con pantallas tiene incluso su propia norma, el Real Decreto 488/1997, y conviene recordar que una oficina también necesita su evaluación, aunque no tenga ni una máquina.
Un ejemplo que se repite cada temporada
Un bar de barrio con tres camareros contratados, sin ningún trabajador en obra ni maquinaria pesada, puede tener el mismo problema de fondo que una pequeña constructora: nadie ha evaluado nunca el riesgo de las quemaduras en la plancha, ni se ha dado formación sobre cómo manipular los cuchillos de cocina, ni se ha revisado si el suelo de la barra tiene el agarre suficiente cuando se moja. El día que uno de esos camareros se corta con gravedad, la Inspección no pregunta por el sector, pregunta por la evaluación de riesgos de ese puesto concreto.
Por qué conviene corregirlo antes de que toque una inspección
La Inspección de Trabajo no entra solo en obras. Entra en comercios, en bares y en oficinas, y pide lo mismo: evaluación de riesgos, plan de prevención, vigilancia de la salud y formación de los trabajadores. Un negocio que nunca ha organizado su prevención porque «eso es cosa de la construcción» se encuentra exactamente en la misma situación que una constructora sin papeles, con las mismas sanciones posibles.
Lo que corresponde hacer
El primer paso es siempre el mismo, sea cual sea el sector: evaluar de verdad los puestos de trabajo, no copiar un modelo genérico de internet, y organizar la prevención con un servicio de prevención ajeno si la empresa no tiene medios propios para hacerlo, que es lo habitual en comercios, bares y oficinas pequeñas.
En Prevención Siglo 21 trabajamos con empresas de cualquier tamaño y actividad, no solo de construcción. Puedes ver cómo organizamos la evaluación, el plan y el seguimiento en nuestro servicio de prevención para empresas.
Fuente: Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales (ámbito de aplicación y derecho de los trabajadores a la protección frente a los riesgos laborales).
