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Las lluvias de otoño en la obra, barro y suelos resbaladizos

Del calor y del frío en la obra se habla mucho. Hay un tercer protagonista de estas semanas que se cuela menos en las conversaciones de prevención y que en Madrid, en otoño, aparece de golpe: la lluvia.

Prevención de riesgos laborales · · Prevención Siglo 21

Un riesgo que cambia el terreno, literalmente

La lluvia no añade un peligro nuevo a la obra, multiplica los que ya había. Un suelo de tierra compactada que durante el verano soportaba el paso de maquinaria sin problema se convierte, con un día de lluvia seguido, en barro que desestabiliza tanto a las personas como a los vehículos. Las rampas de acceso, las pasarelas y los andamios acumulan humedad y pierden agarre, aunque a simple vista parezcan iguales que en seco.

Las zanjas, otra vez

Ya hablamos en este blog de las zanjas y excavaciones como uno de los puntos donde más se concentra el riesgo en obra. Con las lluvias de otoño ese riesgo se agrava de una forma concreta: el agua que se acumula en el fondo o en las paredes de una zanja satura el terreno y puede provocar desprendimientos que, en seco, no se habrían producido con la misma entibación. Antes de bajar a trabajar después de un día de lluvia, hay que revisar el estado de los taludes y de los sistemas de contención, no dar por bueno lo que se vio el día anterior.

El riesgo eléctrico no descansa cuando llueve

Las instalaciones eléctricas provisionales de obra están pensadas para convivir con cierta humedad, pero eso no significa que valga cualquier cosa. Cuadros eléctricos sin la protección adecuada, cables en el suelo por donde corre el agua, o alargadores conectados sin la clavija en buen estado, son un riesgo que en días secos pasa desapercibido y que con lluvia se convierte en electrocución.

Lo que conviene revisar antes de que empiece a llover

  • Que las vías de circulación tengan un drenaje que funcione, no solo que lo tuvieran en el proyecto.
  • Que el calzado de seguridad de la plantilla tenga la suela adecuada para suelo mojado, no solo que sea de seguridad.
  • Que las zonas de acopio de materiales no queden en el punto más bajo de la obra, donde se encharca primero.
  • Que los cuadros eléctricos y las conexiones estén protegidos frente al agua, y no solo frente al polvo.
  • Que el balizamiento de zanjas y desniveles siga siendo visible con barro y con poca luz, porque en otoño las dos cosas pasan a la vez.

La visibilidad, el aliado que falta

A la lluvia se suma que los días son cada vez más cortos, y el domingo 25 de octubre llega el cambio de hora, que adelanta una hora el anochecer. Trabajar con suelo mojado y con menos luz natural al mismo tiempo multiplica el riesgo de resbalones y de atropellos de maquinaria dentro de la obra. Reforzar la iluminación de las zonas de paso en estos meses no es un lujo, es una medida sencilla que conviene no dejar para más adelante.

Un caso concreto de estos días

Una obra que ha estado trabajando toda la semana con tiempo seco recibe el viernes una tormenta que deja el acceso convertido en barro. Si el lunes se retoma el trabajo sin revisar nada, dando por buenas las condiciones del viernes anterior, lo normal es que aparezcan resbalones en la rampa de acceso y que la zanja abierta cerca de esa rampa tenga ahora agua acumulada en el fondo, con el terreno más blando de lo que estaba. Una revisión de quince minutos antes de empezar a trabajar, mirando específicamente lo que ha cambiado con la lluvia, evita la mayoría de esos incidentes.

Lo que no cambia con el tiempo

Los EPI siguen siendo los mismos, pero con una condición añadida: tienen que estar en condiciones de hacer su función con agua. Una ropa de protección que ya no repele el agua, o un calzado con la suela desgastada, deja de proteger igual aunque siga pareciendo el mismo equipo.

Si formas parte de una obra este otoño

La interpretación de los riesgos según la temporada es parte de lo que se trabaja en los cursos de construcción que impartimos en nuestras aulas de Móstoles. Puedes consultar las fechas en la página de cursos de construcción.

Fuente: Real Decreto 1627/1997, disposiciones mínimas de seguridad y salud en obras de construcción.

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