Menos luz, más riesgo
Con el cambio de hora, muchos trabajadores terminan su jornada a oscuras, algo que en verano no pasaba. En la obra, esto afecta sobre todo a los últimos tramos de la jornada en los meses de otoño e invierno, cuando el sol se pone antes de que termine el turno habitual. En los trabajos a la intemperie, una iluminación insuficiente dificulta ver bien bordes de forjados, zanjas, cables en el suelo o la señalización de una zona de paso.
El Real Decreto 486/1997, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, dedica su anexo IV precisamente a la iluminación, y exige niveles mínimos según el tipo de tarea: no es lo mismo la luz que necesitas para desplazarte por una zona de obra que la que necesitas para hacer un trabajo de precisión. Cuando se acorta el día, hay que revisar si la iluminación artificial que había en verano sigue siendo suficiente ahora.
El trayecto también cuenta
El cambio de hora no solo afecta al trabajo dentro de la obra o la empresa, también al trayecto de vuelta a casa. Quien antes volvía con luz, ahora lo hace de noche, con peor visibilidad y, en las carreteras de acceso a polígonos o zonas de obra, a veces sin iluminación suficiente. Un accidente en ese trayecto puede considerarse accidente de trabajo in itinere si se cumplen las condiciones habituales de ese concepto, así que no es un riesgo que quede fuera de la prevención solo porque pasa fuera del centro de trabajo.
Qué puede revisar una empresa estos días
No hace falta esperar a que el frío y la oscuridad estén instalados para hacer algunos ajustes sencillos: comprobar que la iluminación de accesos, aparcamientos y zonas de paso de la obra o del centro de trabajo sigue siendo suficiente a las horas en las que ahora hay menos luz, revisar que los chalecos y elementos de alta visibilidad estén en buen estado para quien trabaja o circula al final de la tarde, y recordar a quien se desplaza en moto o bicicleta que la visibilidad del propio vehículo también importa, no solo la del entorno.
Un ejemplo sencillo
Una cuadrilla que en septiembre terminaba su turno a las seis de la tarde con luz de sobra, en diciembre termina a esa misma hora con el sol ya puesto. Si la obra solo tiene la iluminación que se puso cuando empezaron los trabajos en verano, es fácil que esa última hora de jornada se haga con menos luz de la que exige la tarea, sin que nadie haya cambiado nada a propósito: simplemente ha cambiado el reloj y nadie ha revisado si los focos siguen siendo suficientes.
Un buen momento para repasar lo básico
El cambio de hora es, en la práctica, uno de esos momentos del año en los que merece la pena repasar la iluminación y la señalización de los centros de trabajo antes de que el problema se note con el primer accidente por mala visibilidad. Si quieres que revisemos este punto en tu empresa junto con el resto de la evaluación de riesgos, puedes contarnos tu caso a través de nuestro servicio de prevención para empresas.
Fuente: Real Decreto 486/1997, de 14 de abril, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo (anexo IV, iluminación).
