No lo monta cualquiera
El montaje, desmontaje y modificación sustancial de un andamio debe hacerlo personal con formación específica para esas operaciones, bajo la dirección de una persona competente.
No es una formalidad. La mayoría de los fallos graves vienen de un montaje incompleto o modificado sobre la marcha: se quita un travesaño para pasar material y nadie lo repone.
Los papeles que tiene que haber
Según la altura y la configuración, un andamio necesita:
- Plan de montaje, utilización y desmontaje. Para configuraciones tipo puede sustituirse por las instrucciones del fabricante.
- Cálculo de resistencia y estabilidad, salvo que se monte conforme a una configuración generalmente reconocida.
- Inspecciones: antes de la puesta en servicio, periódicamente, y después de cualquier modificación, periodo de no utilización, mal tiempo o cualquier circunstancia que haya podido afectarle.
Esas inspecciones las hace una persona competente y quedan registradas.
Las comprobaciones de cada mañana
Antes de subir, treinta segundos:
- La base. Husillos apoyados sobre superficie firme, durmientes si hace falta. Nada de calzar con ladrillos ni con tablones sueltos.
- Los arriostramientos. Que estén todos. Si falta uno, no es un detalle.
- La plataforma. Completa, sin huecos, sin tablones sueltos ni módulos que bailen.
- Las barandillas. Principal, intermedia y rodapié. Y también en el lado interior si la separación al paramento lo requiere.
- El acceso. Por escalera interior o por el medio previsto. Trepar por la estructura no es un acceso.
- La señalización. Si tiene tarjeta de uso, mírala: verde no es un adorno, y roja significa que no se sube.
Lo que más se ve mal
Tres cosas, por este orden. Rodapiés que faltan, que son los que impiden que caiga la herramienta sobre quien pasa por debajo. Plataformas incompletas, con un hueco «que se salva pisando el travesaño». Y anclajes a fachada retirados para trabajar más cómodo.
Y el viento
Un andamio con red o lona hace de vela. Con viento fuerte hay que revisar los anclajes antes de volver a usarlo, y esa es justamente una de las circunstancias en las que la normativa exige inspección.
Formarse para ello
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